Historias de la clase obrera
Aquel 17 de Octubre de 1945
Algunos antecedentes de la movilización a Plaza de Mayo para exigir la libertad del Coronel Perón.
Las revoluciones radicales desde 1890 hasta 1916 habían socavado el poder conservador. A través de la lucha con todos los métodos posibles, incluída la lucha armada, los grupos de la Unión Cívica, luego llamada Unión Cívica Radical, meta fusil y fragote, se fajaban con los conservadores para abrir una brecha dejando paso al pueblo que era el convidado de piedra en las decisiones de todos los gobiernos. El fundador fue Leandro Nicéforo Alem, hijo de un mazorquero que fue ahorcado cuando Juan Manuel de Rosas fue vencido y desalojado del poder. Como se nota, al conocer la historia, no fue una concesión graciosa del poder oligárquico. Fue arrancada a balazos. La ley Saenz Peña de 1912 había inaugurado la participación popular a través del voto pero aún no podían hacerlo las mujeres. Hasta las primeras elecciones libres, el que votaba y elegía presidente de la nación, gobernador e intendente y hasta los jueces, era el patrón y llevaba las papeletas de sus empleados y representaba a todos. Después de varias intentonas insurreccionales, los conservadores accedieron a dictar la ley del sufragio obligatorio y secreto.
Para 1916 las elecciones las ganó el Peludo Hipólito Irigoyen y el carruaje fue desenganchado de los caballos y llevado a pulso por los alegres manifestantes hasta el Congreso Nacional.
La clase trabajadora había empezado a participar como nunca lo había hecho hasta ese momento, y los hijos de los inmigrantes eran tratados con respeto. Los tilingos de la oligarquía parasitaria los llamaban «La chusma de Yrigoyen». Dos años más tarde el desarrollo de la reforma universitaria y el final de la primera guerra mundial coronaban un buen año que predecía un futuro de felicidad para el pueblo argentino. El verano de 1919 se vistió de sangre obrera. La huelga en los talleres Vassena por derechos de salubridad, mejores salarios y jornadas de 8 horas de trabajo recibió la respuesta militar de siempre. Represión y terror dosificado por policías, militares y encima la Liga Patriótica formada por católicos ultramontanos y el fascismo criollo que agitaban los fantasmas de una reedición de la Revolución Bolchevique triunfante hacía 14 meses contra la Rusia zarista. No tardaron en aparecer las contradicciones de clase dentro del mismo gobierno y la sucesión presidencial tuvo ganador al Pelado Alvear. Este señor estaba muyyyyyy a la derecha de Irigoyen y representaba a la oligarquía ganadera y terrateniente de nuestro país. Se reconocía antipersonalista y antipopulista para diferenciarse de su antecesor Hipólito Irigoyen. Ahora volvían los trajes de etiqueta y las galas presidenciales, como así también el olvido de los derechos sociales del pueblo por parte de los funcionarios alvearistas. En ese tiempo se acuñó la frase «ah, cuando el viejo vuelva». Y el viejo volvió en 1928 pero la caída de la Bolsa de Nueva York en 1929, también hizo crack en la institucionalidad de varios gobiernos latinoamericanos que vieron por primera vez la legalización de un golpe de Estado por parte de la Corte Suprema de Justicia. Así se inaugura en Argentina la década infame. Con un dictador fascista como José Uriburu y el alineamiento incodicional de su gobierno con los Estados Unidos que se llevaron el petróleo nuestro por mandato del Destino Manifiesto yanqui. También transitamos 13 años de miseria institucional y económica. La desocupación llegó a límites tan escandalosos que, hubo que fabricar encuestas hechas por los policías y los desempleados inventaban trabajos para no ser encarcelados por vagos y malentretenidos. Una ley reflotada de 1822.
El pueblo argentino sufrió el período más corrupto e ilegítimo del siglo 20. Sus beneficiarios oligárquicos justificaban el latrocinio como una necesidad con tal que no volviera el populismo. Las elecciones figuraban como material decorativo y también las llamaron «Fraude patriótico» para frenar la participación de la chusma de Yrigoyen.
El 4 de junio de 1943. Un grupo de oficiales unidos al mando del General Rawson llamados (GOU) da un golpe de Estado contra el títere de turno de apellido Castillo. Los otros hombres decisivos fueron los Coroneles Ramirez y Perón. Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, el Coronel Perón se dedicó a tomar contacto con los dirigentes sindicales organizados. Así fue poniendo en movimiento la maquinaria social que daría pié a la más grande transformación económica, política y social del siglo 20 en Argentina. Reflotó las leyes radicales que beneficiaban a los trabajadores y dictó nuevos decretos que ampliaban los beneficios que antes no se tenían en cuenta. La neutralidad durante la segunda guerra mundial había creado asperezas en las relaciones con Estados Unidos y el embajador yanqui en Argentina Spruille Braden se ocupó de apretar un torniquete para que oficie de tabla de sanciones contra nuestro país. Por otro lado, entendía que oficiales germanófilos eran el reaseguro del freno a cualquier apoyo a la Unión Soviética que acababa de vencer a la maquinaria nazi en febrero de 1943 liberando Stalingrado. Con todo, el tiempo pasaba y el Coronel Perón se hacía cada día más popular entre todos los trabajadores del país. En 1945 todas las instancias de poder económico se unieron y exigieron la destitución de Perón. Entre el comienzo y el final de la gestación del 17 de octubre hubo mucho merequetengue, hasta pidieron la renuncia de todo el gobierno la entrega del poder a la Corte Suprema. Detuvieron a Perón y lo llevaron a la Isla Martín García, lo devolvieron el 15 al hospital militar y lo visitaron algunos sindicalistas que prometieron no dejar la calle hasta que no lo liberaran a él. La CGT decreta un paro general para el 18 de octubre. El presidente Farrell hace llevar a Perón a la casa rosada y desde la hora 23 del 17 de octubre ya nada fue igual. Lo que desde el poder insinuaban que era la despedida de Perón con el pueblo trabajador, mágicamente se transformó en un debate abierto que nominó a Perón como candidato a Presidente de la nación en 1946. Todo tenía sentido. El mayor desarrollo industrial, la creación de un plan sanitarista nacional, la educación de niños, jóvenes y adultos fue garantizada, la universidad obrera. El Plan quinquenal. El IAPI Instituto argentino para el Intercambio que garantizaba precios justos al productor agrario. Todo había comenzado por aquellos primeros pasos de los trabajadores de los frigoríficos de Beriso y Ensenada que habían visto muy titubeantes a los muchachos de la CGT. En el largo camino de casi 70 kilómetros se fueron acomodando los melones y aunque en la actualidad casi todo se haya desdibujado, arriado casi todas las banderas. Las masas reunidas en la plaza de Mayo hicieron saber que desde ese día tenían derecho a entrar en la historia y proclamar el 17 de octubre de 1945, día de la LEALTAD.
