La noche de los lápices
¿Boleto estudiantil? Las pelotas…
La lucha por el boleto estudiantil se ganó en 1975 y se perdió con el golpe de Estado de 1976 a la luz de todos los derechos conculcados al pueblo argentino.
Los jóvenes secuestrados en las jornadas denominadas literariamente como La noche de los lápices fueron protagonistas directos en la construcción de un nuevo mundo. Luchaban contra una dictadura genocida y contribuían a la construcción de una sociedad sin opresores ni oprimidos.
En agosto, septiembre y octubre de 1976, el Batallón de Inteligencia 601 perteneciente al ejército argentino dirigió en todo el país los operativos de secuestro y desaparición de la juventud de nuestro pueblo. Los elegidos fueron estudiantes y trabajadores jóvenes que pertenecían ideológicamente a organizaciones políticas dentro de la lucha antidictatorial.
El secuestro de los 340 jóvenes en todo el país fue un hecho planificado por la dictadura para descabezar la vanguardia juvenil con militancia política en la UES (Unión De Estudiantes Secundarios) brazo estudiantil de Montoneros; la Juventud Guevarista (JG) organización juvenil de estudiantes y trabajadores del Partido Revolucionario de los Trabajadores y Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP); La Federación Juvenil Comunista (FJC) del Partido Comunista (PC), y otras organizaciones juveniles pertenecientes a partidos políticos que resistían el embate de la dictadura cívico-militar.
Estos jóvenes se habían incorporado a la lucha política durante la dictadura anterior y especialmente en las grandes movilizaciones populares por el Luche y Vuelve y contra la represión y la tortura que era la práctica represiva común contra la juventud y los trabajadores que luchaban por sus derechos. Muchos se incorporaron a la militancia luego de los fusilamientos de 19 prisioneros políticos en la Base Almirante Zar de Trelew el 22 de agosto de 1972. Desde ese año y hasta 1976, en la Argentina se vivió la más amplia movilización popular de la historia. El golpe de Estado de 1976 militarizó las fábricas, los sindicatos fueron intervenidos y la lucha fue menguando por la feroz represión contra la clase obrera organizada. Es en ese contexto que la represión contra el activismo juvenil fue declarado prioridad militar para terminar de aterrorizar a la sociedad que estaba sufriendo la más infame dictadura de nuestra historia. La frase “La noche de los lápices” fue elegida por los mismos ideólogos del operativo represivo. Quizás porque los nombres de los secuestrados estaban en los listados de los centros de estudiantes asociados a anteriores luchas en el ámbito estudiantil, como el boleto para estudiantes secundarios. Aunque fue en todo el país, la mayor cantidad de secuestros fue en Mendoza, Córdoba, Santa Fe, Capital Federal y La Plata, Provincia de Buenos Aires. Los lugares donde permanecieron secuestrados y desaparecidos fueron los departamentos de inteligencia de las policías provinciales y El Campito en Campo de Mayo, lugar desde donde se dirigía la represión en todo el país.
A 49 años de los hechos, decir que eran niños estudiantes secundarios de entre 14 y 17 años que solo reclamaban por el boleto estudiantil como único objetivo es desaparecerlos nuevamente del imaginario popular y de la militancia histórica de nuestro país. El nivel de conciencia de la juventud de los años 70 fue el más alto de la historia. Tuvo el componente fundamental de sentir en su propio cuerpo el dolor de todo un pueblo que pujaba por la construcción de un ideario por la liberación de nuestra patria y la segunda y definitiva independencia. Trabajaban y estudiaban. Al mismo tiempo hacían trabajo social, alfabetizaban en los barrios populares, creaban centros de atención medicinal gratuitos en las barriadas, entregaban parte de su salario para apoyar causas humanitarias. Todo fue amor, todo fue entrega.
Honrar sus historias de vida es reconstruir la mística y la épica de un pueblo que no se doblega. Lucharon contra un viejo orden reaccionario. Estaban pariendo al hombre nuevo. La consiga era. Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro.
Era un tiempo en que los viejos temblaban como siempre y los jóvenes ardían como nunca.
Miguel Angel, Javier y Víctor. Junto a todos los compañeros detenidos desaparecidos viven en el pueblo que sigue luchando.
