Historias de la clase obrera.
Las coordinadoras clasistas contra el plan de ajuste de Isabel Perón
El 4 de junio de 1975, gobernaba Isabel Perón. El ex secretario de Seguridad Social, Celestino Rodrigo era el ministro de economía y se mandó una devaluación de la moneda del 200 %. Las tarifas eléctricas, gas, ABL, el combustible y el dólar tuvieron aumentos con ribetes escandalosos. Y la inflación fue del 182 %. El plan fue anunciado con bombos y platillos en cadena nacional por radio y televisión prometiendo nivelar precios y salarios. Eso detonó la más grande movilización de las coordinadoras fabriles contra el plan de ajuste de Isabel Perón.
Los días 7 y 8 de julio de 1975, unos 15 kilómetros de largo tuvo la caravana de hombres y mujeres de nuestro pueblo cubriendo todos los carriles de la autopista panamericana que motivó la renuncia de dos ministros del gabinete nacional. De economía, Celestino Rodrigo y de Bienestar Social, José López Rega.
La base proletaria de militantes de partidos de izquierda había movilizado a las coordinadoras de gremios en lucha como respuesta al plan de ajuste del gobierno. El resultado fue que traccionó a las direcciones burocráticas en la CGT de raigambre peronista. Fue la primera vez que los gremios peronistas le hacían un paro general de dos días a su propio gobierno peronista. Participaron Capital Federal, y el cordón industrial del gran Buenos Aires, Zona oeste, Zona sur y Zona norte. En las provincias también movilizaron los gremios que participaban de las coordinadoras de los gremios en lucha en sus lugares. Principalmente Córdoba y su aguerrida clase obrera, el cordón industrial del Gran Rosario, Tucumán con los cañeros y los trabajadores del surco, Neuquén con los trabajadores petroleros. También fue la última gran movilización con sentido político antes del golpe de Estado de 1976. Isabel Perón intentó el ajuste que le exigían los grupos económicos y para eso se valió del plan del viceministro de economía Ricardo Zinn quién a su vez era alumno de José Martínez de Hoz, futuro ministro de economía de la dictadura genocida tras el golpe de Estado de 1976. Su intento le valió hacer renunciar al ministro de economía Celestino Rodrigo y al Ministro de Bienestar Social, José López Rega. Todo estaba ligado para implantar un plan económico neoliberal de características similares a las que estaban siendo llevadas a cabo por la dictadura militar Chilena desde 1973. Los genocidas de uniforme y saco y corbata tuvieron que dar el golpe de Estado para socavar el poder obrero en la Argentina. Las empresas multinacionales ya habían planificado, financiado y a punto de comerse al último bastión de Latinoamérica que resistió con su clase obrera organizada y con mayor conciencia de clase. Masacraron a todas las comisiones internas. Los secuestraron y llevaron a Campo de Mayo para hacerlos desaparecer.
Las consecuencias de ese genocidio aún siguen dirigiendo la política económica, política y social de todos los trabajadores que permanecen a merced de las centrales sindicales y sus dirigencias burocratizadas. Si los dirigentes actuales quisieran ponerse a defender los trabajadores y dejar de rosquear por un lugar en la lista para las próximas elecciones todo tendría solución. La lucha de los trabajadores actuales se manifiesta en lugares individuales del sindicalismo intentando unificar todos los reclamos que lleve a un plan de lucha para plantear qué sociedad queremos para vivir en armonía sin opresores ni oprimidos.
