Editorial del 9 de julio de 2024
Editorial radio 9 de julio 2024
Aquellas fechas patrias tradicionales, como el 9 de julio, quedaron lejos. Eran tiempos de guardapolvos blancos, zapatos bien lustrados, niñas con el pelo recogido y, en lo posible, trenzas que terminaban con una flor, y niños peinados a la gomina. El discurso de alguna maestra o directora, casi siempre esposa de un militar, nos enumeraba los pasos de la Independencia: que éramos libres y debíamos desfilar con el paso bien marcial y el pecho henchido de argentinidad orgullosa. Los que podían ir ese día con esa vestimenta participaban. Los otros, los que vestíamos alpargatas bigotudas, no.
La gran mayoría de los actos patrios fueron engañosos y especialmente cínicos. Los desfiles militares como los de los 9 de julio citaban de memoria la fecha de nuestra Independencia en la Casa de Tucumán en 1816. Pero no contaban la realidad. Estaban hechos por gobiernos que se abrazaban con los invasores (yanquis e ingleses, ambos primos). Cuando no, eran dictaduras que habían dado un cuartelazo violento para entregar nuestros bienes a los monopolios extranjeros y algunos socios locales que siempre actuaron como testaferros de intereses imperiales. Tampoco decían la verdad las acciones cotidianas que le exigían al pueblo en nombre de un patriotismo que los funcionarios no practicaban. Las banderas de la independencia siempre se levantaron para entregar los bienes argentinos a potencias extranjeras, principalmente a los británicos y estadounidenses, también llamados LOS PRIMOS EUROPEOS por el ingenio popular .
Durante la primera presidencia de Juan D. Perón ocurrieron hechos inéditos en la historia argentina. Desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, se impulsaron leyes sociales que protegían los derechos del pueblo trabajador argentino. El 9 de julio de 1947, el entonces presidente Juan D. Perón y su gabinete se reunieron en la ciudad de Tucumán, provincia de Tucumán, en un acto decisivo y significativo para romper los vínculos dominadores del capitalismo foráneo enclavado en el país. El plan político estratégico era que la libertad política se complementara con la independencia económica, la consolidación de la Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. Así se desarrolló la Argentina como nunca antes durante 10 años. Se fabricaba todo lo necesario para vivir con dignidad. Y hasta la oligarquía recibía premios por aumentar la producción para exportar, pero no se escapaba de pagar sus impuestos.
La revolución libertadora de 1955, así llamada con toda la pompa cínica, necesitó bombardear a nuestro pueblo y dar un golpe de Estado para hacer tabla rasa de los derechos adquiridos del pueblo argentino. Casi sin demora, nos invadió el FMI para condicionarnos con el permiso de los militares y,a partir de ahí,no dejamos de caer hasta el día de hoy.
Este 9 de julio de 2024, con asombro y vergüenza, asistimos a una página más de la entrega de nuestras riquezas al capitalismo financiero, con el cinismo como narrativa de una clase política cómplice y un gobierno autoritario que se regocija con hambrear al 60 % de su población y dejarla en la miseria, retornando al siglo 19 como país agroexportador y factoría de potencias extranjeras. Mientras tanto, los aplaudidores y los escribas oficiales tapan las quejas de millones de pobres que reclamamos lo que nos pertenece.
Atrás quedaron los tiempos en que se repudiaba a la oligarquía cipaya. Esta vez no hizo falta que estuviera un uniformado en la Casa Rosada para traicionar la independencia jurada aquel 9 de julio de 1816. Esta vez, el político inquilino de Balcarce 50 allanó el camino a la traición por los próximos 4 años. Ahora, la Constitución Nacional podrá violarse cuantas veces quieran los gobernantes de turno, y siempre habrá un rebaño de jueces venales DEL PARTIDO JUDICIAL y congresistas DE VARIOPINTOS PARTIDOS que apoyarán la propuesta de ENTREGAR O ROBAR TODO LO QUE SE PUEDA Y ENDEUDARNOS POR OTRO SIGLO MÁS. Y QUE EL PUEBLO PAGUE LA FIESTA A LA QUE NO FUE INVITADO.
Solo la unidad de los trabajadores, creadores de las riquezas de nuestro país, será capaz de sacarnos de este marasmo. Otra vez deberemos empezar de cero, guiados por la reserva moral de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y con la memoria fértil por los compañeros que lucharon hasta el último aliento de su vida por nuestra Patria, para que no cayera en manos de los que hoy nos gobiernan con leyes ilegítimas, inmorales y aplicando el terror como categoría política.
El espíritu del 9 de julio de 1816 está lejano; el del 9 de julio de 1947 mucho más. Pero seremos invencibles si nos juntamos y luchamos para que nadie duerma en la calle y nadie tenga que comer del tacho de la basura de la oligarquía.
